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Xiana

  Xiana, antes Juan, estaba realmente ilusionada. Tenía la oportunidad de su vida. Poder ganarse el sustento sin tener que pasar por las esperas de clientes era su sueño. Tenía que subsistir, y ese había sido su único recurso. Para ir tirando, trabajaba en ello lo justo. Era una habitual de las colas del hambre. Todos los días esperaba su turno. Que Elena le ofreciera su casa y alimentos era algo que ni en sueños imaginaba. La suerte estaba de su parte. Un ángel, pensaba, le había tocado en suerte.  La experiencia en la calle era dura. Tener que excitar con el cuerpo feminizado, y atraer al cliente, que ni siquiera le daba buen trato, era duro. Muy duro. En su niñez sufrió el acoso de quienes mancillaron su cuerpo en privado. La doble moral de esos hombres que abusaron viendo en ella objeto de deseo y dando rienda suelta con ella a vejaciones y malos tratos. Sus padres no vieron nada. O no quisieron. Ya no estaba segura. Pensaba que sus noches de insomnio, sus miedos infantile...